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Trans-apariencia

En el contexto contemporáneo, más allá del catálogo de declinaciones de la idea moderna de transparencia que hemos desarrollado hasta aquí, también han surgido nuevas modalidades de la misma. La más evidente probablemente sea la transparencia derivada de la velocidad; aquella que permite ver los cuerpos de un segundo plano gracias a la rapidez con la que circula aquello que lo ocultaba. Esta transparencia veloz, adviene especialmente mediante la velocidad de la transmisión en tiempo real – la “trans-apariencia” al parecer de Paul Virilio (1) - que permite acercar y desvelar lo que antes permanecía lejano e invisible. La característica fundamental de esta trans-apariencia es que genera una imagen instantánea, lo cual nos empuja a considerarla como irrecusablemente verídica y objetiva. Es el aparente triunfo de las más elementales expectativas depositadas en el ideal moderno de la transparencia. Sin embargo, esta instantaneidad contiene la falsificación de lo fáctico. Es una imagen que descansa en lo real pero no lo abriga; es, en otros términos su fantasma (2) . Los análisis de esta substitución de lo real por su imagen, en realidad han planeado ya tras los argumentos de los capítulos anteriores, priorizando la obviedad del protagonismo de los media y de la publicidad como los espacios estelares para la emergencia de esta imagen de dudosa transparencia. Ahora lo que queremos es desviar explícitamente la reflexión hacia el terreno de lo espectral y fantasmagórico. Si esto es posible, entonces podrá deducirse que en los ecos contemporáneos de la idea de transparencia, incluso existe la posibilidad de remontarse a imaginarios decimonónicos y premodernos. De un salto, habremos pasado del supuesto triunfo de lo cristalino y explícito, al rotundo fracaso de lo nublado e in-contingente.

La posibilidad de interpretar la trans-apariencia como una invitación a ver más allá de lo visible es la misma ficción de la instantánea. Del mismo modo que frente a la imagen de televisión retransmitida se nos pretende vincular con el mundo real, también la fotografía, por su capacidad de captura tecnológica, pretendió demostrar la existencia de espectros y fantasmas en los momentos álgidos del espiritismo finisecular. Los ectoplasmas mostraban las huellas de los fantasmas, trans-aparentes, como no podía apreciarlos el ojo común (3) . La instantánea fotográfica, como la imagen trans-aparente, acertaba a cumplir el don de la ubicuidad, mostrando lo real en su sitio y, a la vez, a través de su imagen espectral. La estafa que suponía de esta fotografía espiritista – como sucede hoy frente a los medios de comunicación- no siempre pudo denunciarse con facilidad. La sofisticación en el uso de espejos para crear efectos de refracción, permitió elaborar imágenes de una notable credibilidad. En cualquier caso, el engaño no solo obedecía a una voluntad de falsificación y pillería acorde con las posibilidades técnicas de la época. Las supuestas pruebas científicas sobre la existencia real de los fantasmas también han de interpretarse como un explícito gesto de heterodoxia, como una necesidad de amplificar la incipiente homogeneización de lo real a unas pocas imágenes. En la medida que la fotografía incrementaba la consideración de la visión en un aparato de autoridad; la utilización de cualquier recurso para hacer estallar las imágenes, incluso hacia lo fantasmagórico, podía contener un componente de orden crítico. La posibilidad de otorgar visibilidad a los espectros quizás fue, en esta perspectiva, el canto del cisne en los intentos de impedir el definitivo triunfo del régimen de visión moderno. La trans-apariencia precedía así a la metáfora racionalista de la transparencia moderna.

Alexander Pilis

El trabajo de Alexander Pilis, en buena medida, retoma la posibilidad de trabajar con la trans-apariencia como eficaz recurso para cuestionar los parámetros de la ideología moderna. Dos enunciados que reiteradamente acompañan sus proyectos lo ponen en evidencia : The Blind Architect y Architecture Parallax. La ceguera del arquitecto, como puede adivinarse, es una aseveración crítica frente al dispositivo moderno de visión, reducido a un sistema monocular. El paralaje, por su parte, ofrece la posibilidad de sustituir el sistema de perspectiva convencional, con el que ese ojo único sitúa a las cosas en un campo de profundidad, por un sistema en el que se conjugan visiones múltiples. El paralaje, al diversificar el punto de vista, provoca una desviación angular en la visión del objeto, de forma que arrastra hacia lo visible perspectivas y cuerpos que permanecían ocultos; de este modo, una visión de paralaje se asemeja a la convocatoria de lo espectral y oculto que caracterizaba a la trans-apariencia.

Para Alexander Pilis, el Paralaje es el único instrumento para afrontar lo que llama el “colapso visual”. La realidad contemporánea – ya sea por la polución visual mediática o por la dimensión del laberinto social y urbano de una megalópolis como Sao Paulo, la ciudad en la que ha aplicado Pilis sus reflexiones- no puede ser examinada desde una única posición; ello comportaría una excesiva jerarquización y exclusión de un magma heterogéneo y plural. Es necesario multiplicar las perspectivas y operar con todas ellas a la vez; es decir, literamente, con una “visión de paralaje” (4).

En “Architecture Parallax .Virtual Lapse Apparatus”, un trabajo producido a propósito para este ensayo, Alexander Pilis ha construido una estructura de cristal que simula a escala el propio espacio expositivo donde ha sido instalada. En el interior del artefacto transparente acontece la trans-apariencia. Mediante cuatro monitores instalados en el interior de la estructura de cristal y con un juego de refracciones especulares, se reproducen las imágenes, desde ángulos distintos, de los espectadores que se acercan y se asoman al objeto. Las imágenes reproducen en tiempo real los movimientos de los curiosos gracias a cuatro cámaras instaladas en la sala. Con este circuito, lo que discurre ante los ojos del espectador es su propia imagen multiplicada y situada en el interior mismo del espacio desde el cual mira y al cual observa. Así como la reproducción de los fantasmas concedía una dimensión añadida a lo real, también ahora el espectador se ve reflejado en una pluralidad de imágenes que lo diversifican y hacen visible -mediante una visión más transversal y trans-aparente que no transparente (precisa y nitida)- un perfil de si mismo hasta ahora inaccesible Este colapso visual, como una spam de imágenes sobre lo mismo en el mismo lugar, se convierte así en una metáfora del colapso social. . La credibilidad de la visión, acostumbrada a la literalidad frontal, ingresa en un estado crítico en esta espiral de puntos de vista simultáneos; pero en cada uno de ellos reside un potencial crítico tan poderoso, al menos, como el que se acuño originalmente con la idea de transparencia.

Martí Peran

 
 
by artebr.com